En su momento Avatar fue alabada como un "prodigio técnico" que no se veía acompañado de un argumento a su misma altura, y a partir de entonces han abundando ejemplos de mejoras tecnológicas a la hora de ver en pantalla (casi) cualquier cosa que nos imaginemos, pero con guiones que en el mejor de los casos son un entretenimiento sencillo y en el peor te hacen recordar ese dicho popular de que "aunque la mona se vista de seda, mona se queda". Digamos que la nueva película del director Ang Lee con producción de Jerry Bruckheimer y teniendo de protagonista (por partida doble) a Will Smith se situaría en un punto intermedio entre los dos extremos que he indicado arriba, con lo cual tengo que admitir tanto que vista en la gran pantalla de un cine sería moderamente espectacular, como que no tiene nada en su historia (y el desarrollo de la misma) que la haga minimamente memorable.
En su apartado técnico hay que citar que Ang Lee ha rodado esta cinta con la tecnología HFR a 120 fotogramas por segundo y en 3D, algo que me imagino que no estará disponible en todos los cines. En el caso de verla así (yo asistí a un pase en una sala de cine que tiene ese citado sistema) tengo que admitir que contiene momentos espectaculares, si bien menos de los esperados, en los que dicho método logra una alta y notable sensación inmersiva dentro de la película, aunque en algunos casos se situa en esa difusa frontera entre lo más cinematográfico y lo meramente propio de un videojuego, a lo que añadir que eso no se ve reforzado con un guión a la altura de las circunstancias.









