CALIFICACIÓN: Entretenida (3/5)
- FICHA TÉCNICA y SINOPSIS en IMDB y FilmAffinity.
- FECHA DE ESTRENO EN ESPAÑA: 16 de enero de 2026
- Galería de posters por este enlace.
CALIFICACIÓN: Entretenida (3/5)
Con esta Avatar: Fuego y ceniza el director James Cameron completa su primera trilogía (aunque haya intervenido en otras, no había llegado a firmar las tres entregas iniciales como es el caso), aunque si la película triunfa, habrá una cuarta entrega en 2029 y una quinta en 2031. Los dos films previos ocupan el primer y el tercer puesto respectivamente de las cinco películas más taquilleras de la historia, entre las cuales el mismo Cameron sitúa a su Titanic de 1997.
El primer Avatar de 2009 demostró la destreza de su responsable, que siempre ha destacado por ser un director tremendamente visual, pero pecaba de un argumento que tampoco es que fuera la quintaesencia de la novedad, aunque la audacia visual compensaba sin problemas dicha carencia. Mostrando las posibilidades del formato 3D consiguió un gran espectáculo inmersivo que arrasó en taquilla.
Muchas veces se ha etiquetado a James Cameron de ser un director algo megalómano, por presentar siempre proyectos ambiciosos, que desbordan espectacularidad. No me quejaré de ello en cuanto a lo que ha aportado, por ejemplo, a las franquicias de Alien y Terminator (esta última iniciada por él), o su fantástica Titanic (antes citada).
Pero cuando tras una espera de 13 años presentó Avatar: El sentido del agua, en esencia repetía la moraleja ecológica de su antecesora, con un excesivo metraje que superaba las tres horas, resultando una secuela abrumadora y hasta cierto punto pretenciosa.
Ahora no hemos tenido que esperar tanto como entre la primera y la segunda entrega, por lo que apenas tres años después de aquella llega Avatar: Fuego y ceniza, donde lo pretencioso de su responsable ya se hace evidente en un metraje igual de disparado, superando en tres minutos a la del film precedente (que ya de por sí era innecesariamente largo). Con un coste de 400 millones de dólares, necesita recaudar al menos lo mismo que las dos anteriores.
Es por ello, con la incertidumbre del actual panorama cinematográfico (que ha tenido un cambio tremendo, tras la crisis del Covid-19 y la entrada de las plataformas de streaming) que cabe la posibilidad de que se cancelen la cuarta y quinta entrega, por lo que esta tercera serviría de cierre (relativo). Aunque eso fuera así Cameron ha comentado la posibilidad de escribir un libro que cerrara hilos argumentales de algo que ha sido creación suya.
Es palpable, como toda franquicia de este estilo, que el final de esta tercera entrega deja dudas y detalles que dan para estirar esta saga todavía más, pero después de los casi 200 minutos de duración de Avatar: Fuego y ceniza uno se pregunta si es necesario volver a Pandora. Y es que este tercer film tiene exactamente las mismas virtudes y los mismos defectos de los que hacía gala su predecesora, fallando en su desarrollo pese a todo el tiempo que tiene.
Aunque visualmente sea un portento, y lleve todas esas técnicas que se han empleado para llevarla a cabo a límites aún más perfeccionistas, resulta decepcionante que la otra villana de la historia (aparte del Comandamente Miles Quaritch de Stephen Lang) sea una Na'vi llamada Varang interpretada por Oona Chaplin, nieta de un pionero en el mundo del cine como fue Charles Chaplin, y que esté apenas perfilada y pobremente desarrollada.
Después de todo tampoco vamos a pedir una labor actoral destacable porque nunca se ha caracterizado por eso esta saga, más allá del Stephen Lang humano del primer film (luego recreado como Na'vi en los dos posteriores). El apartado visual siempre ha sido realmente excelente, lo uno no quita lo otro, pero ha fagocitado la calidad actoral de su reparto, que se ha transformado en la fascinación de ver los gestos recreados con esta tecnología vanguardista.
En resumen digamos que Avatar: Fuego y ceniza es una prueba palpable de las virtudes y defectos de James Cameron como director: ofrece una espectacularidad visual apabullante y portentosa, pero peca de un guion que en lo más básico sería bastante plano, reitera la misma moraleja ecologista que las dos entregas anteriores (así como su grandilocuencia), a lo que sumar un metraje a todas luces excesivo para lo que acaba siendo.
CALIFICACIÓN: Entretenida (3/5)
CALIFICACIÓN: Entretenida (3/5)
CALIFICACIÓN: Buena (4/5)
Con Predator: Badlands estamos ya ante la novena película que recibe esta criatura, en la lucha por parte de Hollywood de intentar hacer de ella una franquicia. La anteceden el film inicial de 1987, su secuela de 1990, los dos crossovers contra Alien de 2004 y 2007, las tentativas fallidas (por sus resultados en taquilla) de 2010 y 2018 y el inesperado éxito que supuso su entrega de 2022, que derivó en el film animado estrenado hace unos meses como antesala a este.
Dan Trachtenberg fue el responsable de las dos últimas entregas (en el caso de la de animación junto a Joss Wassung), repitiendo en el mismo puesto en esta. Cambia en este caso el hecho de que las dos películas previas se estrenaron de forma directa en plataforma (en el caso de la del 2022 porque no tenían confianza inicial en ella, la de animación era un mero complemento), pero ahora vuelven a probar suerte haciendo que llegue primero a salas de cine.
El riesgo es claro (la última película estrenada así data de 2018), por lo que puede levantar ciertas expectativas que serán colmadas (o no) en función de cada espectador. Desde que Disney, actual propietaria de las I.P.'s Alien y Predator, anunció nuevos proyectos para ambas, lo visto hasta la fecha ha tenido tantos defensores como detractores. ¿Se está suavizando la saga? La violencia inherente a Predator ha hecho que todas las películas previas tuvieran calificación para adultos... salvo esta que tiene una de PG-13.
Dudas y expectativas (en uno y otro sentido) quedan resueltas una vez vista: lo que desde Disney han llevado con este film respecto a su franquicia sería algo parecido a lo que ha hecho con Alien en la serie televisiva emitida este pasado verano, lo ha disneyificado para hacerlo una franquicia accesible a cuanto más público mejor, conservando detalles esenciales pero añadiendo cambios que a los más puristas les van a irritar... con toda la razón del mundo.
Había leído varias críticas previas que comparaban esta película con The Mandalorian, y en esencia resulta innegable que muy desencaminadas no iban: el esquema básico de la popular serie televisiva de la saga Star Wars está presente aquí. Por un lado el rudo protagonista, por otro el alivio cómico y el tercer punto sería el bicho más o menos entrañable, todo ello en un ambiente de ciencia-ficción quizás algo más bruto que lo visto hasta ahora en la citada Star Wars.
No estoy tampoco negando que el film no sea entretenido (que lo es si tus expectativas son las mínimas), pero lo que en origen era una máquina de matar imparable, pierde del todo su presencia amenazante aquí, en una película que con la unión de los dispares personajes que se plantea al final me recordó (en conclusión todo queda en casa: sería Marvel, que también es de Disney) una variante de Guardianes de la galaxia.
A su favor hay que admitir la solvencia de Dan Trachtenberg, porque aunque las tres entregas más recientes de Predator sean suyas, más diferentes entre sí no pueden ser. También ha sido una decisión inteligente, tras las críticas que cosechó por Predator: La presa, de insistir en una protagonista femenina (allí Amber Midthunder, aquí Elle Fanning), pero sin repetir el mismo esquema para ella (allí heroína, aquí alivio cómico).
El problema puede radicar en que lo que la locuaz sintética (a la que encarna la citada Elle Fanning) hace junto al Yautja (la raza de los Predator) es la enésima variante de buddy movie que sigue por terrenos tan previsibles como funcionales. El hecho de hacer protagonista al Predator hace que el susodicho (llamado Dek) arrastre trauma por su relación familiar, y la aventura le haga replantearse cosas. Como he dicho antes, la amenaza ya no lo es tanto.
Los adolescentes que acudieron a la misma sesión que yo salieron maravillados, y yo lo entiendo porque es el típico film que si lo ves en esa época de tu vida, el resultado mola mucho. Pero bajo esa capa lo más curioso estaría en sus guiños a Alien (por lo de la corporación Weyland-Yutani, o el guiño final a la secuela xenomorfa de James Cameron, a quien se cita en los agradecimientos de los créditos) y el brutal planeta donde acontece todo.
Por último en cuanto a la calificación que he citado al principio, la misma queda más que justificada porque no hay ni un solo humano en el film, sino tan solo bestias de todo tipo y sintéticos (también de la saga Alien). Eso lleva a que aunque haya una violencia clara y explícita, donde se desmiembra, se revienta y se descuartiza lo que sea, como todo son o bien los citados sintéticos o bicharracos, no hay problema de que nadie pueda traumatizarse por ello.
CALIFICACIÓN: Entretenida (3/5)
Con Tron: Ares se demuestra que nunca es tarde para sacar rédito de una I.P. (propiedad intelectual en sus siglas en inglés) aunque hayan pasado 15 años desde la anterior entrega (un lapsus temporal como el que hubo entre las películas Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal e Indiana Jones y el dial del destino), y a su vez 43 años desde la primera película, que en su día no fue un fracaso sino que logró un éxito moderado (33 millones de dólares de recaudación sobre unos 17 de presupuesto), triunfando luego en los videoclubes.
El film de 1982 no lo vi hasta su estreno en televisión, pero admito que imágenes como la "introducción" del protagonista dentro del sistema informático dejó asombrado al espectador infantil que era yo por aquel entonces. Disney sacó una secuela en 2010, en la que multiplicó por 10 el presupuesto de la original, pero la recaudación que alcanzó Tron: Legacy no fue un fiasco aunque tampoco como para tirar cohetes: 400 millones de dólares, otro éxito moderado.
Ya la secuela de 2010 pecaba de ser más llamativa en lo visual que en lo argumental, en una tónica que se está haciendo muy común con los avances tecnológicos aplicados al mundo del cine. Muchas películas de hoy en día buscan apabullar al espectador con imágenes espectaculares, que luego están hilvanadas con un guion que no está a la misma altura. Y eso se repite también en esta tercera entrega de la franquicia, que peca de un exceso de maniqueísmo.
La ambición es mala (esa sería la idea) y si Ed Dillinger (encarnado en la película original por el actor David Warner) era el villano a batir, su hija Elisabeth (encarnada en esta película por Gillian Anderson, la agente Dana Scully de Expediente X) ha sido la madre de Julian Dillinger (encarnado en esta película por el actor Evan Peters, visto como el veloz Mercurio en la saga X-Men mientras estuvo en manos de la Fox), nieto del inicial Ed y actual dueño de Dillinger Systems. Su visión es muy pragmática, y defiende el interés defensivo y militar sobre todo lo demás (en un símil parecido a como era Tony Stark antes de convertirse en Iron Man). Pero tiene un hándicap con la permanencia de sus creaciones...
Aunque puede trasladar del mundo digital al real cualquier cosa, nada le dura más allá de un límite preestablecido de 29 minutos, manteniendo una dura competencia empresarial con ENCOM, que tiene el mismo problema de tiempo, si bien su responsable Eve Kim (encarnada aquí por Greta Lee) tiene en mente objetivos más humanitarios y menos militares que los de Dillinger Systems. Entremedio de esa pugna se añade Ares (encarnado con aspecto mesiánico por Jared Leto), un programa al que intentan comercializar como el soldado perfecto, pero que empieza a tener dudas sobre cual debería ser su objetivo en la vida (como si fuera un replicante de Blade Runner).
Cuando Eve Kim consigue el código de permanencia que en su día creó Kevin Flynn (encarnado por Jeff Bridges en las tres entregas, ya que aquí aparece en un cameo también bastante mesiánico que nos permite volver a los escenarios vistos en 1982), Dillinger no dudará en ir contra ella, ya que quien posea dicho código de permanencia logrará que lo que traigan del mundo digital no desaparezca pasados 29 minutos. Maniqueísmo blanco y en botella: la empresa ambiciosa serían los malos (pese a que la madre de Julian no deje de decirle que se está pasando de la raya), la humanitaria los buenos y Ares que se aliará con esta última para conseguir tener vida propia, y no tan solo temporal.
Teniendo en cuenta lo espectacular que es en su apartado visual Tron: Ares, resulta una lástima que el guion peque de ser tan simple, careciendo de mayor profundidad que la citada (de hecho su maniqueísmo sería tan palpable solo en su código de colores que resulta obvio). Eso sí, lo que funciona de forma estupenda nada más empezar es la banda sonora de Nine Inch Nails, que resulta un aspecto digno de mención en esta entretenida secuela, con un ritmo y unas secuencias de acción que ayudan a ello. A eso hay que sumar una escena entre créditos donde un cabo suelto sugiere futura secuela, con un guiño sobre el aspecto que lucía David Warner en el Tron de 1982.
CALIFICACIÓN: Entretenida (3/5)
CALIFICACIÓN: Entretenida (3,5/5)
CALIFICACIÓN: Regular (2/5)