Aunque reconozco que inicialmente escribí este post con la única intención de colgarlo en mi blog arácnido, finalmente (y animado por un amigo que me insistió mucho en que los lectores de The Mystic Bubble también habrían de encontrarlo interesante), acabé decidiéndome a compartirlo por aquí (y máxime dado que al estar últimamente tan centrado en el otro, tengo éste un pelín abandonado).
Así que aquí lo tenéis:
Hoy me gustaría hablaros de mi primer contacto con Spider-Man, como lo conocí hace ya muchos, muchos años. Quizás demasiados. Y también mostraros cuales fueron los primeros cómics suyos que cayeron en mis manos. Aquellos que fueron culpables de que a la larga llegara a saberlo "todo" del personaje (bueno, o si no todo, al menos sí un par de cosas), y que terminaron, en definitiva, por convertirme en el fan incondicional del arácnido que soy a día de hoy. Se trata, precisamente, de los dos que veis en la imagen que abre este artículo. Pero para hacerlo, habéis de permitirme que me remonte un poco en el tiempo (que para eso uno es un carroza tan nostálgico y sensiblero...).
