viernes, 16 de octubre de 2015

LA CUMBRE ESCARLATA

Esperando que algún día se pueda realizar un Hellboy 3 que complete la trilogia del famoso personaje de comic (creación de Mike Mignola), el director Guillermo del Toro cambia los gargantuescos robots de Pacific Rim por un relato de terror más clásico con claras referencias a Poe y Lovecraft y que puede recordar a los títulos más emblemáticos de dicho género de la productora Hammer.

Tengo que reconocer que las películas de Guillermo del Toro funcionan de manera correcta y entretenida en líneas generales, incluyendo ahi su labor como novelista con esa The Strain que ha acabado como serie de televisión (de la que no he pasado más allá de su primera temporada por lo dilatadísimo de su base literaria); con la salvedad de El laberinto del Fauno, sin duda la obra maestra de su filmografía.

Después del lapsus que le tuvo como posible director de El Hobbit (y con la duda de si su aportación hubiera sido mejor que la de Peter Jackson y su estirada en exceso trilogia a modo de precuela de la más notable El Señor de los Anillos) su trabajo en la anterior Pacific Rim parecía tan solo una muestra de sus capacidades como director, siendo ahora con La cumbre escarlata cuando vuelve al estilo que más le gusta y en el que se desenvuelve mejor, el fantástico en su vertiente más clásica, en la cual más que ser explícito y mostrar el elemento o cosa del que tener miedo, lo que se hacía era insinuarlo (en muchos casos por carecer de los adelantos tecnológicos que tenemos hoy en día, donde los efectos visuales consiguen que ya nada parezca imposible, perdiendo el encanto de los más tradicionales como por ejemplo los que hacía el maestro Ray Harryhausen)

A estas alturas el director Guillermo del Toro sabe que no puede traernos un relato sobre fantasmas que sorprenda al espectador, por eso su presencia en la película es puramente testimonial, basándose el resto del relato en crear una atmósfera gótica y decadente que parece recien sacada de la Casa Usher de Poe. Los 55 millones de presupuesto de este título se notan bien invertidos en una muy acertada y lúgubre ambientación, siendo sin duda este uno de los mejores detalles de la película. Pero la lástima está en que en el interior de ese bonito envoltorio tenemos un relato muy previsible casi desde el inicio, a poco que el espectador esté curtido en el género.

Con otros actores igual el resultado hubiera variado, pero con el trio principal con el que cuenta el director mexicano aqui resulta todo un mérito que sepan mantener el interés de quien está viendo la película, pese a que el desarrollo (casi) mínimo de sus personajes sea bastante evidente. En cuanto al reparto, Mia Wasikowska dota a su heroina de esa candida inocencia como la que mostró en la Alicia en el Pais de las Maravillas de Tim Burton (su personaje al inicio de la película, y por su labor como escritora, se compara con la Mary Shelley de Frankenstein, que bien podría ser otra de las referencias de esta película)

Pese a ello los mejores del film son los hermanos (en la ficción) a cargo de Jessica Chastain y Tom Hiddleston, los cuales ya dejan bien claro casi desde el inicio que algo ocultan (ahi destacaría el acertado uso de los colores y sus contrastes, lo que resulta notable en general, pese a que la personalidad de los protagonistas sea evidente en los tonos con los que se visten) Como decía, son en esos dos personajes, y sobretodo más ella (por los muchos secretos que guarda) que él (cuyos matices se quedan en lo superficial), en donde se nota el espíritu de Hitchcock, otro de los elementos referenciales de La cumbre escarlata.

Como he citado antes, la presencia fantasmal sería más bien secundaria (por lo que sería un error englobar a este film en el género del terror) con lo cual es mejor que se abstengan los que tan solo van a por el susto facil. De hecho es mejor no objetar acerca de su argumento, y tan solo aceptarlo como lo que es, porque también resulta un tanto cuestionable lo que dice la primera aparición en referencia al título de la película, cuando un rato más tarde queda aclarado para el espectador (a menos que ello no deje de tener una importancia similar a la de los espíritus del Cuento de Navidad de Dickens, y para ser más exacto el del futuro)

En resumen digamos que La cumbre escarlata es una película coherente con el estilo de su director (si no fuera suya el otro que podía hacer algo así sería Tim Burton) si bien los elementos con los que parte son tan evidentes que da poco pie a la novedad; aunque por contra podemos disfrutar de un film visualmente notable y con un uso de los colores excelente (ver por ejemplo lo acertado del contraste entre la arcilla roja y la sangre), lo que convierte su visionado en todo un goce para la vista del espectador.

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