martes, 26 de junio de 2012

HISTORIA DE BRUGUERA XI: MORTADELO Y FILEMÓN


Tal y como vimos en la entrada anterior de esta serie, la crisis en el sector del tebeo de finales de los años cincuenta motiva la deserción de la primera generación de dibujantes de la editorial Bruguera (Escobar, Cifré, Jorge, Conti, Peñarroya) para crear una cooperativa que editaría la revista Tío Vivo. Esto propicia la renovación de la plantilla de Pulgarcito con historietistas como Gin, Estivill, Segura, Raf o Ibáñez. Todos ellos vienen a representar savia nueva para una revista que hasta entonces había conservado sus personajes de la posguerra, caracterizados por un humor testimonial, reflejo de una realidad que ya iba quedando atrás, y por tanto resultaba conveniente adaptarse a los nuevos tiempos.

Mortadelo y Filemón son pues otros de tantos y tantos personajes que intentarán esa renovación. Así, el 20 de enero de 1958 aparecen por primera vez en el número 1394 del citado semanario.

A Francisco Ibáñez Talavera le encargan crear un personaje nuevo, sobre el tema de los detectives, con algún rasgo que lo diferenciara de los demás. Parece ser que el dibujante propuso a la editorial tres nombres diferentes, pero que finalmente fue la propia Bruguera quien inventó los definitivos. Ibáñez había propuesto Mr. Cloro y Mr. Yesca, agencia detestivesca, Ocarino y Pernales, agentes especiales y Lentejo y Fideíno, detectives finos.
El propio autor define así su creación: “quise evitar la típica historia de policías y ladrones, y para ello convertí a Mortadelo en un transformista capaz de alterar su personalidad en cualquier momento y así darle más salsa a las situaciones”. Poco puede sospechar el autor entonces que esta afortunadísima idea lo encumbrará en el mundo del cómic, pero no nos anticipemos.

En ese momento, los personajes eran los dos únicos componentes -jefe y empleado- de una agencia privada de investigación. Filemón es el vivo retrato de Sherlock Holmes, y como tal, fuma en pipa y viste con americana y sombrero: nada que ver con su look actual. Filemón es el jefe y lo demuestra tratando despóticamente a su subordinado.


Mortadelo, en cambio, ya desde su primera aparición porta la indumentaria que lo ha hecho famoso, paraguas y un bombín del que sacaba los disfraces más insospechados. Mortadelo es el subordinado despistado que todo lo hace al revés y que desencadena frecuentemente los malentendidos por los que el cliente siempre termina persiguiendo a Filemón. Su naturaleza despistada y su habilidad para disfrazarse le granjean rápidamente una popularidad de la que nunca gozará su jefe.

En Mortadelo y Filemón pronto comienzan a despuntar algunos rasgos nuevos respecto al humor típico Bruguera: si hasta el momento, lo habitual en las historietas de la casa era conducir la narración hacia un único chiste final, Ibáñez plantea sus historietas como una sucesión continúa de gags. Su originalidad comienza a diferenciarle del resto.

Ibáñez es deudor, en su manera de entender la historieta, de los grandes autores cómicos del Pulgarcito, pues como él mismo dice: "Para nosotros no ha existido ningún aula en la universidad que nos enseñe a ser dibujantes de tebeos. Entonces todos nos fijábamos en Cifré, o en Peñarroya, o en Conti, o en Escobar, o en Vázquez, imitando sus dibujos hasta que uno se hace un estilo propio." Pero también, y sobre todo, Ibáñez tomó prestado del cine cómico el movimiento contínuo de los personajes, la sucesión de gags. Se trata, en definitiva, de trasladar al papel las películas de Abbot y Costello, de Laurel y Hardy, de Harold Lloyd, de Charlot o Buster Keaton. Mortadelo y Filemón reúnen características de estos cómicos, aunque sin permitir jamás que estas suplanten sus bien definidas personalidades.

Los personajes evolucionan rápidamente a la par que se incrementan los recursos de Ibáñez como narrador y su capacidad para generar gags de acción. Filemón pronto perderá su americana y se quedará simplemente en mangas de camisa; Mortadelo dejará de sacar sus disfraces del bombín para disfrazarse instantáneamente entre viñeta y viñeta. Las historietas ganarán así en movimiento, agilidad, frescura y expresividad.


De este modo, los personajes se hacen muy populares, multiplicando sus apariciones en prácticamente todas las revistas Bruguera. Ibáñez llegará a producir hasta veinte páginas semanales repartidas entre todos sus personajes: 13, Rue del Percebe, El Botones Sacarino, Rompetechos, Pepe Gotera y Otilio, La familia Trapisonda, Don Pedrito... Las historietas de Mortadelo y Filemón pasarán de una a dos páginas e incluso cuatro, en los almanaques o números especiales, con lo que ganarán aún más en posibilidades expresivas.

Con el final de la década de 1960 se impondrá un nuevo modelo de publicación que implicará un salto cualitativo de las historietas. En esos momentos hacen furor en Europa las publicaciones como Pilote o Spirou y Rafael González, director de las publicaciones Bruguera, decide imitarlas con Gran Pulgarcito (1969), donde reunirá la flor y nata de los autores bruguerianos. Se trata de hacer historietas con un dibujo más cuidado, que se serializan en la revista para ser posteriormente recopiladas en álbum.

Ibáñez aprovechará la oportunidad que le brindará el disponer de más espacio en sus historietas para renovar los personajes por completo, adaptándolos a los nuevos tiempos. Mortadelo y Filemón se integrarán así en la T.I.A. como agentes secretos, ahora bajo las órdenes del tiránico “Súper”, ampliando su campo de acción con misiones de mayor alcance que la típica caza del caco y en ámbitos frecuentemente internacionales. A su vez, Ibáñez podrá desarrollar plenamente su estilo, esa sucesión arrolladora de gags que no permite al lector un momento de respiro, acompañada de un dibujo muy detallado que conjugará su estilo con el de otros autores Franco-Belgas, como Franquin o Tillieux.


El Sulfato Atómico será la primera aventura en este formato, que no tardará en aparecer recopilada en álbum. Se iniciará así una nueva y decisiva etapa, que catapultará a los personajes de Ibáñez al éxito internacional, aunque esa ya es otra historia.


En su día, este blog ya analizó el éxito de estos personajes en un artículo titulado El éxito sin precedentes de Mortadelo y Filemón (leer aquí).

Próxima entrega: Debuta El Jabato 

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