lunes, 9 de marzo de 2015

LOS LADRONES DE CUERPOS


Mi más reciente lectura de biblioteca ha sido Los ladrones de cuerpos de Jack Finney, algo que tenía pendiente ¡¡¡desde mi infancia!!! (y teniendo en cuenta que el relato es de 1955 eso conlleva MUCHO TIEMPO) Tranquilos que ahora me explico: esta novela fue la base para cuatro adaptaciones en cine pero en mi caso me refiero a la segunda de ellas, que tuvo por título La invasión de los ultracuerpos en 1978.

Quien la haya visto sabrá de lo significativo que es el gesto final del personaje al que interpreta Donald Sutherland, que además es señal de que la invasión ha triunfado, por lo que imaginaros el miedo que me provocó dicha escena en mi (por entonces) infantil mente, cuando ví por primera vez dicha película (la imagen que acompaña a esta reseña ilustra el citado momento)

En un principio pensado como una parábola de la situación conspiranoica que vivía Estados Unidos a mediados del pasado siglo XX, la historia vendría a narrar una invasión silenciosa de unas vainas extraterrestres que copian a la gente (destruyendo el original) pero privándoles de sentimientos y haciéndolos altamente manipulables. Dicho relato en la actualidad sería muy criticado, ya que queda claro el miedo y la paranoia hacia lo desconocido, algo extrapolable con los actuales movimientos de inmigración (o sea, el racismo)

Entendible en aquel entonces como una parábola de la Guerra Fría que había hace más de medio siglo entre los americanos y los soviéticos, cual sería mi sorpresa al llegar al final de la novela (que no spoilearé por aquí) y darme cuenta de que lo lógico y lo coherente según lo planteado (que la invasión tenga éxito) queda sustituido por un epílogo acelerado donde las cosas acaban bien de una manera forzada (me abstendré de decir como por que he ahí donde está mi queja)

Desconociendo en mi caso la versión de 1994 de Abel Ferrara hay que emparejar el (fallido) final de la novela con el (también fallido) final que tuvo en su versión de 2007 (en un film con Daniel Craig y Nicole Kidman) siendo por tanto más acertadas, en cuanto a adaptaciones, la citada que marcó mi infancia así como la de Don Siegel de 1956, que aproveché para ver justo tras la lectura de la novela.

Con una historia que consigue llevar la paranoia a su estado más álgido (incluso con las alabanzas de Stephen King, que la admite como pilar de la moderna literatura de terror) nadie le niega su condición de clásico si no fuera por ese final que estuvo mejor plasmado en pantalla (en las versiones de 1956 y 1978), aún admitiendo que sea un relato concreto y conciso de un ritmo y lectura ágil, rápida y entretenida.

Al haber varias ediciones de esta obra la ficha técnica de la que me he leído yo la teneis por este enlace mientras que las disponibles en las bibliotecas de mi provincia las teneis por este otro enlace.

CALIFICACIÓN: 9/10

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